Ya no queda nada. Estamos muertos y en el recuerdo del pasado intenso te amo, pero sólo ahí donde la violencia no podía tocarnos, en ese tiempo no cronometrado, que adivino fué poco. Ahora te miro, y ya no quedan rastros, huellas, letras, pintura, fotografías de lo que fuiste, de lo que fuí cuando estuve contigo. Todo se está perdiendo en la basura, pero ésa es la única forma, no hay elección.
Ayer en la incomodidad me devolviste tu olor (aparte de tantas otras cosas más), tu aroma de hombre en transición, donde no hay una forma planificada, el olor a tu cama, tu ropero, tu almohada, el olor al invierno, a piel y tabaco. Todo eso eras tú, y tal vez más, pero no me acuerdo.
sin terminar.
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viernes, 29 de mayo de 2009
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