lunes, 20 de febrero de 2017

Humedad ambiental




Suenan y suenan los insectos esta noche,
todas las chicharras, grillos y ranas de este mundo.
La oscuridad es nuestra tierra
y la luz de la luna todo lo recorta,
lo amplía, 
la sensación es completa. 

Aquí mueren las ranas aplastadas 
en los días de tormenta,
ranas y lobos de mar que vomita el agua
que vomita la tierra,
para decirnos un mensaje de paz,
la que está en la muerte y es en nosotros.

Hoy la ausencia de la fórmula clásica,
reemplazada por una calma tan grande que me habita,
me hace experimentar este círculo abierto
en donde no existen las técnicas de anclaje,
ni maniobras de resucitación. 

Voy caminando hacia el mar,
el bosque, el viento y el cielo vienen conmigo,
se sobreponen unos a otros, como hologramas, y brillan,
los sonidos se mezclan,
vibra todo como electricidad.
Pasan las nubes, unas mas blancas,
otras con tormenta y todas bailan siempre,
todas juntas... Me traspasan y yo tirito.

Hoy no tengo tristeza, tampoco tengo alegría
es la amplitud que me acoge en su apertura,
carente de lenguaje programado estéril. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Tiburón



Tuve un sueño a eso de las 7 am,
cuando desperté y volví a dormir un rato
–fue en ese rato–
hasta las 8:10 cuando sonó el despertador.

Venía un tiburón detrás de mi,
venía por mi, directo hacia mí..
No estábamos en el agua,
caminaba o corría
o algo parecido a eso 
en modo ralentizado angustioso,
yéndome de la playa, 
subiendo la colina.

Quería correr 
y la densidad de la atmósfera me lo impedía.
Me dejé caer deshecha, fatigada,
entregada a la muerte inevitable, la embestida,
y la vista fija en las enormes zancadas
que se acercaban a mi.

El tiburón lucía como un hombre
y no estábamos en el mar,
su rostro borroso, 
una oscuridad...
Nos íbamos y...
Se muere el sol de mi sueño
me               traspasa        los           ojos
me rindo y me desconecto,
rayos me absorben. 

sábado, 22 de octubre de 2016

Río



Era el momento anterior a que se largara a llover,
soplaba el viento, los árboles se mecían, a veces violentamente.
Estaba tibio.

Algo me dijo a mi misma,
misma NO,
revolviéndose así todos mis interiores.
Me derretí como una babosa ante una línea de
"No traspasar" hecha de sal. 

Afuera se desataba la tormenta
y para mi no era demasiado tarde,
dulces bálsamos abrazaban mi ser.
El consuelo de la diligencia parecía
semi-real.

Lentamente me acomodé, 
enrollada en mi misma como una serpiente,
y así me entregaron las sombras,
a seguir el río.
"No quieras aferrarte de las algas, troncos o plantas submarinas,
no quieras",
dijeron.



lunes, 3 de octubre de 2016

Portal


Se me cae el rostro, me pesa, se abre,
se contrae,  se hincha,
hace muecas que tensan algunas zonas
creando lugares donde revientan olas,
aguas reales
y saladas.

No sabría decir qué, ni cuándo, ni cómo
pero de un momento a otro me afectó profundamente
la gravedad en este espacio, y no pude hacer mas que
apagar la cabeza, mientras seguía corriendo
–a duras penas, sí–
pero corriendo.

Tantos momentos fracturados por el olvido,
escondidos entre los escombros
de este mapa que yo sigo a tientas,
desmemorias de estados salvajes,
quemantes, oleosos
estados pegajosos
estados sombríos
estados borrosos.

Esta oscuridad que tengo, yo soy
sí, no puedo ir muy lejos
no puedo pensar en ir más afuera del
límite borroso junto a lo mas lejano
allá bien allá.
Está conmigo, es conmigo
yo soy,
aún mientras duermo
siempre está conmigo.

Vagos momentos donde nada vale
mas que este castigo
¿Cómo hacer? Los dientes me muerden
por dentro, por fuera,
estoy toda mordisqueada,
ya me faltan muchos pedazos.

Dichosa erosión ven,
consume este mini ecosistema
que tengo aquí, clavado en la cabeza,
trágatelo todo y
cubre mis manchas con más manchas
y engrosemos así esta piel lila de cocodrilo,
ayúdame a devolver todo lo que salió
de ese agujero negro.
Ya se dirá, ¡Oh tiempo!
Sí, ya se dirá.




Foto por Claudia Errores





domingo, 25 de septiembre de 2016

Engullida




Viscosidad,
mientras más me muevo, más me hundo,
andar liviana es la cuestión,
y a veces también el problema.

Cíclicas batallas nunca dichas
aquí voy otra vez a la nada,
con la piel estacionaria de lagarto
y mi espada de plástico.

Llevo una corona de huesos,
y una espina de rosa pegada con saliva en la frente.
Abrazo mi caballo y me quedo mas quieta,
nos hundimos lentamente 
mientras nos acercamos al centro de esta sensibilidad
tan extraña.

Desapareceremos y no importa
¿Desde dónde es –específicamente– que me levanto, miro y vuelvo otra vez al mismo espectáculo pobre, que con cada vuelta consigue llevarse siempre un pedazo de mi?